Nunca me dejes de responder – María Lucila Quarleri, Estefanía Enzenhofer / Libro Digital

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Libro digital

“¿Cómo congeniar las enfermedades con estas guerreras feministas que somos?”

La correspondencia entre estas dos jóvenes escritoras feministas sucede en un período intensísimo de 6 meses, el tema principal es la enfermedad que cada una de ellas transita y cómo esos padecimientos del cuerpo trastocan el resto de sus vidas. Leer estos mails entre dos amigas, mujeres vitales, creativas, críticas, produce un placer casi pudoroso, casi morboso, convierte a lxs lectores en voyeurs, espías de unas vidas íntimas aplastadas por el miedo y el dolor. ¿Quién no ha sentido el vértigo de leer un mensaje cuyo destinatario es otra persona? ¿Quién no ha entrado a revisar los mails de otre buscando con los nervios en flor algo que llene exactamente el hueco de la ansiedad? Cuando Lucila y Estefanía nos dan la clave de sus cuentas de mail, nos abren a su diálogo íntimo, un pantano por el que es posible que pasemos, por el que pasamos o pasaron seres querides.

del prólogo, por Agustina Paz Frontera

 

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“¿Cómo congeniar las enfermedades con estas guerreras feministas que somos?”

La correspondencia entre estas dos jóvenes escritoras feministas sucede en un período intensísimo de 6 meses, el tema principal es la enfermedad que cada una de ellas transita y cómo esos padecimientos del cuerpo trastocan el resto de sus vidas. Leer estos mails entre dos amigas, mujeres vitales, creativas, críticas, produce un placer casi pudoroso, casi morboso, convierte a lxs lectores en voyeurs, espías de unas vidas íntimas aplastadas por el miedo y el dolor. ¿Quién no ha sentido el vértigo de leer un mensaje cuyo destinatario es otra persona? ¿Quién no ha entrado a revisar los mails de otre buscando con los nervios en flor algo que llene exactamente el hueco de la ansiedad? Cuando Lucila y Estefanía nos dan la clave de sus cuentas de mail, nos abren a su diálogo íntimo, un pantano por el que es posible que pasemos, por el que pasamos o pasaron seres querides.

del prólogo, por Agustina Paz Frontera